
Cuando una empresa de Celrà, Salt o Sarrià de Ter decide cambiar de nave, suele surgir un problema clásico: la oficina de la entreplanta no cabe entera en la nueva distribución. No es solo mover cosas; hay que decidir qué se lleva y qué se deja atrás. En DESPAX vemos estos traslados como dos trabajos distintos que conviene coordinar desde el principio para evitar sorpresas en el día a día.
Por un lado está la mudanza de lo útil: mesas, sillas, armarios y ese equipamiento informático que sigue funcionando. Por otro, la retirada de todo lo que sobra, desde mamparas de vidrio hasta archivo muerto que ya nadie consulta. Muchos clientes con oficinas en polígonos nos llaman precisamente porque necesitan separar lo que vale de lo que estorba antes de que llegue el camión. Así, la nueva nave empieza limpia, sin muebles viejos ocupando espacio ni restos de cableado tirados por el suelo.
Inventario de la oficina antes de mudarse
Antes de cargar ni una sola silla, toca recorrer la oficina con papel y boli. En DESPAX proponemos etiquetar cada elemento con tres destinos claros: viaja, se retira o se dona si nos lo pides. No es un ejercicio burocrático; en edificios antiguos del Barri Vell, con escaleras estrechas y acceso restringido para vehículos, saber qué mueve el día D evita bloqueos inútiles. Igual ocurre en los bajos de Santa Eugènia o Sant Narcís, donde el espacio de maniobra manda.
El consejo principal es no decidir todo el mismo día de la mudanza. Dejar que las cosas “reposen” unas horas ayuda a distinguir entre lo necesario y lo sentimental. Si tienes mamparas de vidrio, mesas de sistema o paneles acústicos, valora su estado real. Lo que está en buen estado puede reutilizarse, pero conviene tener la lista cerrada antes de la visita técnica. Así, cuando llegamos con personal propio, sabemos exactamente qué retirar sin improvisar sobre la marcha.
Mesas de sistema y mamparas que no encajan
Las mesas de sistema y las mamparas se diseñan para una distribución concreta, así que moverlas a otra planta suele ser imposible sin romper algo. En Girona, donde muchas oficinas están en bajos o entresuelos de Montilivi y el Barri Vell, no siempre hay espacio para desmontar con calma. Nuestros equipos, propios y asegurados, trabajan sobre la marcha: quitamos los vidrios templados por separado, retiramos los perfiles de aluminio y bajamos los paneles de melamina uno a uno. No vale tirar todo al camión; si las piezas llegan rayadas o torcidas, pierden valor para la reutilización.
En zonas como el Eixample o Salt, donde los montacargas brillan por su ausencia, la logística cambia. Separamos cada material según su destino final para evitar mezclas innecesarias. El vidrio y el metal van a reciclaje específico, mientras que lo que está intacto busca un segundo uso. Si necesitas retirar estas estructuras durante una reforma o un cierre por jubilación, lo hacemos sala a sala o planta a planta si tu negocio sigue abierto. Pedimos fotos previas o una visita rápida para calcular bien el trabajo y saber qué herramientas llevar. Así nos aseguramos de que el espacio quede limpio y barrido, gestionando los residuos con la documentación adecuada para que tú solo tengas que preocuparte del siguiente paso.
Equipos informáticos y residuo electrónico
Cuando toca vaciar una oficina, el material informático siempre plantea dudas. Servidores, pantallas e impresoras que ya no encajan en la nueva sede suelen salir de nuestro camino como residuo electrónico. Pero antes de eso, hay un detalle crítico: los discos duros. Nosotros no los tocamos si el cliente prefiere quedárselos o borrarlos por su cuenta; es mejor así para evitar sustos con datos sensibles. Lo demás lo retiramos nosotros, clasificando cada componente según su naturaleza.
No todo va al mismo sitio. Los tóneres y las baterías de los SAI, esos grupos electrógenos que protegen los equipos, se consideran residuos peligrosos y los entregamos a gestores autorizados; nada de mezclarlos con la chatarra común. Imagínate retirar servidores del Parc Científic i Tecnològic de Montilivi o pantallas de una gestoría en el Barri Vell: el cableado, las unidades ópticas y las carcasas plásticas tienen su destino específico. Al final, te dejamos la sala despejada y tú decides qué hacer con los soportes que contienen información, mientras nosotros nos encargamos de que el resto cumpla con la trazabilidad ambiental correcta.
Coordinar la retirada con el almacén en marcha
En las naves de polígonos como Mas Xirgu o Celrà, la actividad no para porque nosotros entremos. Los camiones siguen llegando y saliendo según el calendario del almacén, así que coordinamos la retirada respetando esa logística. Reservamos franjas horarias concretas en el muelle de carga para no bloquear el flujo habitual ni interferir con los pedidos urgentes de tus proveedores.
Sabemos que a veces el horario de oficina es incompatible con la operativa diaria, especialmente si tienes clientes en la entreplanta. Si lo necesitas, nos adaptamos: podemos trabajar fuera de tu jornada laboral o incluso un sábado. Lo único que no hacemos es presentarnos un domingo o a deshoras de la madrugada; hay límites que respetamos por organización propia y para no molestar al vecindario industrial.
Entregar la nave antigua al propietario
Cuando toca devolver la nave, no nos vamos dejando restos. En una entreplanta de Mas Xirgu o en los bajos de Santa Eugènia, el suelo tiene que estar limpio: ni un tornillo olvidado tras desmontar las mamparas, ni cintas de embalaje pegadas. Revisamos sala por sala con usted antes de entregar las llaves. Es ese momento final donde comprobamos que no queda nada suelto, desde algún cable de impresora hasta la última estantería que se había quedado atrás. Si hemos retirado moqueta o suelo técnico porque así lo pidió, nos aseguramos de que la superficie quede uniforme y lista para el siguiente uso.
Junto al espacio vacío, le dejamos toda la documentación de los residuos gestionados. Aquí es donde importa tenerlo todo atado si el local vuelve al propietario o se reforma para otro inquilino. Los servidores y pantallas van como residuo electrónico; los tóneres y baterías de SAI pasan a un gestor autorizado por ser peligrosos. La madera y el metal van a reciclaje, mientras que el papel corriente sigue su camino habitual. Si hubo archivos con datos personales, esos se separan correctamente. Entregamos esta trazabilidad para que usted pueda cerrar la relación con el casero sin sustos, demostrando que la oficina quedó vacía y limpia según lo pactado.